Facundo Pastor tras el cadáver de Perón | ‘Didion y Babitz’ | Inés Ulanovsky reedita ‘Las fotos’
¡Feliz lunes! Hoy se cumplen 114 años de la muerte de Bram Stoker, el escritor irlandés que creó a Drácula. Un día nublado en Buenos Aires, me parece, es lo más adecuado para dedicarle a Stoker un pensamiento.
En este envío, Facundo Pastor me cuenta sobre El cuerpo de Perón, su nuevo libro. Es la historia de un cadáver que pasó 52 años dando vueltas por la Argentina.
Stoker y su muerte inician esta newsletter y no de casualidad porque, a fin de cuentas, ¿qué cuento nos deja más aterrados? ¿El de Drácula o el de Perón?
Plus: Didion y Babitz, de Lili Anolik, repasa el vínculo entre dos mujeres con el ruido de una época como contexto.
Ah, y algo más: Blatt & Ríos reedita Las fotos, una colección de relatos donde Inés Ulanovsky enhebra con singular talento fotos, historias y palabras.
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Estamos en 1974. Hace frío. Es 1 de julio. El presidente Juan Domingo Perón muere en la Quinta de Olivos, ya viejo y cansado, enfermo desde hace varios días. Los médicos fracasan en sus intentos urgentes de reanimación y José López Rega, alias Lopecito, alias el Brujo, fracasa en sus intentos de... bueno, de dibujar en el aire un triángulo, moviendo el dedo índice con la mirada desviada.
Esa escena final de una vida es la escena inicial de El cuerpo de Perón: La muerte, las manos, los tiros, el nuevo libro de Facundo Pastor (publicado por Penguin), y está escrita con una perturbadora maestría a lo largo de varias páginas.
El cuerpo de Perón es una novela sin ficción que sigue a otras dos: Emboscada, donde Pastor escribió sobre el asesinato de Rodolfo Walsh (este libro acaba de aparecer en España vía Paripé Books) e Isabel, en el que trabajó sobre la viuda y sucesora de Perón.
Cada uno de estos tres libros es como un capítulo del aterrador thriller político de la década de 1970. Al escribirlos, Facundo Pastor se corre de su lugar en el noticiero de A24 o en su programa de radio La Red, se corre de su rol de editor general de la revista riverplatense 1986, se corre de sus estudios de Derecho, y se revela como un autor de estilo despojado y duro.
Con ese aparato narrativo, una de las primeras cosas que investigó en esta tercera vuelta fue la cripta que Isabel construyó en la Quinta de Olivos para depositar el cadáver de Perón cuando decidió, junto a López Rega, que no reposaría en un cementerio. Lo conservaron allí durante seis meses, mientras las cosas en la Argentina se degradaban y las zanjas se llenaban de más cadáveres.
Y entonces Pastor me dice:
— … la cripta fue convirtiéndose en un escenario central de la novela e incluso tuve que editar mucho material cuando advertí que yo mismo había quedado, de algún modo, atrapado ahí adentro.
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Pero de alguna manera logró salir de su propia cripta, y continuó.
Sigue:
—Hacia fines de 1974 Isabel y López Rega comenzaron a sentir que Perón estaba solo. Esa idea se volvió un tormento para ellos. Entonces deciden llevar adelante una misión secreta en España, puntualmente en Puerta de Hierro, para traer el cuerpo de Evita.
En su libro narra cómo López Rega dirigió el asunto a través de un viaje comercial a Medio Oriente. El avión aterrizó en Fiumicino, en Roma, y luego fue a España: así trasladaron el cadáver de Eva Perón. A fines de 1974, ambos cuerpos ya estaban en Olivos. Muy poca gente lo sabía. Luego, acorralado por las causas vinculadas a la Triple A, López Rega debió renunciar e Isabel se quedó sola con los dos seres sin vida. Poco después, cayó, es derrocada. El general Videla delegó su mudanza a Olivos en su esposa, y ésta no pudo lidiar con esos dos cadáveres. No pudo.
“… la cripta fue convirtiéndose en un escenario central de la novela y advertí que yo mismo había quedado, de algún modo, atrapado ahí adentro.”
—Al reconstruir todo esto —sigue Pastor—, entendí que el personaje central de esta novela histórica era un cuerpo: ni más ni menos que el cuerpo de Perón. Y, como escribió Tomás Eloy Martínez en Santa Evita, en referencia al cuerpo de Eva, dentro de estos cuerpos todos fuimos depositando cosas profundas, sentimientos encontrados. Algunos pusieron amor, otros odio; algunos, resentimiento, otros expectativa. ¿Será todo eso lo que genera la obsesión por los cuerpos peronistas? Y cuando hablo de los cuerpos, no me refiero solo a los de Evita y Perón, sino también a los de los desaparecidos del peronismo.
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Facundo Pastor, retratado por Alejandra López.
Aquellas peripecias que van de 1974 a 1976 solamente son el comienzo. El cadáver de Perón ha sido un cadáver bastante activo. Incluso inquieto. El libro informa sobre los químicos que alargaron su presencia en los funerales masivos, narra la momificación y la unión con el cadáver de Evita, recrea los rituales que hizo López Rega en su rol de hechicero y la decisión de los militares de 1976 de separar a Perón de Evita, se pregunta por el enigma de las manos seccionadas, estudia las hipótesis de descendencia y las pericias genéticas que ofrecieron un resultado negativo y cuenta el traslado a San Vicente y el tiroteo.
Es una gran historia. Lúgubre, mística, siniestra: el tipo de historia que tiene tanto poder y tanta carga que termina volviéndose un desafío porque cualquier error se paga caro. Pero El cuerpo de Perón funciona y se debe, creo, a su brevedad: poco más de 150 páginas. Ahí donde la trama ofrecía la tentación del desvío y la periferia, Pastor mantuvo un eje claro.
—¿Cómo trabajaste tu estilo literario? ¿Con qué lecturas te alimentaste?
—La muerte de Perón debe haber sido una de las noticias más impactantes del siglo pasado. Me interesaba que este libro recuperara, en parte, el espíritu de la cobertura periodística de aquella época. ¿Cómo fue la cobertura que hizo Rodolfo Walsh para el diario Noticias? ¿Cómo narró el velatorio Tomás Eloy Martínez? ¿Qué hizo Heriberto Kahn en su investigación, que meses después obligó a la renuncia de López Rega?
Pastor dice que pasó meses leyendo las noticias publicadas en aquel momento histórico y que, a partir de ahí, trató de reconstruir la década del setenta.
Sigue:
—Siempre trabajo mucho la reescritura. Escribo. Leo en voz alta. Vuelvo a escribir. Así se va moldeando. Estoy convencido que la autocorrección es donde aparece la escritura como un oficio. No creo en la idea de la inspiración sino en la idea de un trabajo esforzado sobre el lenguaje. En esa batalla contra uno mismo surgen las palabras. No siempre sucede, pero cuando pasa es gratificante.
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Facundo Pastor mencionó una cripta.
Paradójicamente, él mismo permaneció al lado del cadáver de Alfredo Yabrán durante un rato largo. Hernán Brienza también estaba ahí. Los dos jóvenes periodistas que habían viajado a Gualeguaychú a cubrir la huida del magnate terminaron encerrados en la cochería junto al cadáver de Yabrán en una suerte de cripta.
Cada tanto, Pastor cuenta la anécdota.
—Después de Walsh, de Isabel y de Perón, ya parece algo más que una anécdota: ¿Vas a escribir sobre Yabrán algún día?
—No lo sé aún. Haber quedado encerrado con ese cuerpo me lleva muchas veces a pensar en los detalles de esa experiencia extrema que viví a mis 19 años. Incluso tengo varias anotaciones al respecto, sobre todo porque siento que, con el paso del tiempo, los detalles de esa madrugada empiezan a desdibujarse. El tiempo borra precisiones, pero el olvido y la distancia también son necesarios para pensar. No todos los días uno queda encerrado con un cadáver en una sala fúnebre. Mucho menos con el cadáver de quien señalaban como uno de los hombres más poderosos del país…
Revisando mi email, encuentro una nota que le hice a Pastor en agosto de 2009.
“Un día con el periodista más audaz de la televisión”, decía la volanta en la revista Hombre. Esa jornada acompañé a Pastor a desenmascarar (con una cámara de América grabando) a dos hombres, supuestos pedófilos. Cuando quisieron escapar, Pastor corrió tras ellos y yo corrí tras él. Más tarde observé cómo trabajaba en la isla de edición del canal y, de noche, le hice una entrevista mientras atravesábamos en auto las calles de Buenos Aires.
Le pregunté por Yabrán.
Respondió que para un periodista era importante estar ahí adentro porque ese hombre había matado a José Luis Cabezas, que había generado una crisis política en el país, que, según Domingo Cavallo, era la representación de la mafia enquistada en el poder.
Y al final dijo algo que aún hoy creo que podría repetir con las mismas palabras: “Eso de ser testigo me marcó de por vida. Él protagonista era Yabrán, pero yo también. Y él estaba muerto y yo, vivo. Y él no podía contar nada más, y yo sí...”.
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Izq.: Joan Didion. Der.: Eve Babitz
Dando vuelta la página…
Joan Didion se ha convertido en un personaje sobre el que nos gusta leer.
Ella misma a veces es más interesante que sus ensayos, sus novelas y sus memoirs. El libro Didion y Babitz, de la autora estadounidense Lili Anolik, cuenta la historia de amistad y rivalidad que Didion mantuvo en Los Angeles con Eve Babitz, una escritora sagaz, y una mujer seductora y aventurera de fines de la década de 1960.
En el primer capítulo Lili Anolik —la autora— explica por qué, después de escribir una biografía sobre Babitz, decidió volver a ella: fue por una carta.
Cuando Babitz murió, su hermana encontró algunas cartas. Lili Anolik se interesó en verlas. En una —nunca enviada—, Babitz le había escrito a Didion: “¿Podrías escribir lo que escribes si no fueras tan pequeñita, Joan?”.
A la larga, esa rivalidad despertó una urgencia y una misión: “Lo que este libro intenta hacer: ver a Joan Didion claramente; ver a Eve Babitz claramente. Excepto que Joan Didion no puede verse claramente, sino solo a través de un espejo oscuro. Eve Babitz es ese espejo”.
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Lili Anolik.
Didion aparece como una mujer ambiciosa, decidida, controlada. Babitz (¿o Anolik?) le recrimina a Didion que se mete en el papel de intelectual, frágil y confundida, que viene a ser el papel que los escritores exitosos de la época, hombres, aceptaban para una mujer. Por lo tanto, la recriminación de fondo es por abandonar un puesto en la batalla de las mujeres.
Didion es un sujeto opaco; Babitz es el instrumento de acceso a ese sujeto.
El libro necesita a las dos, y sigue la vida de las dos: la caída y el ascenso de Babitz, el ascenso y la canonización de Didion, el deterioro físico y la muerte de ambas con una semana de diferencia en diciembre de 2021.
Pero al final lo que Lili Anolik deja claro, con un giro mágico, es que Didion y Babitz se parecían más de lo que cualquiera de las dos habría querido admitir.
Didion y Babitz se vuelve original en el hecho de que no es una biografía dual, ni son dos biografías, sino la biografía de una rivalidad y de una amistad.

¿Cuándo fue la última vez que recibiste una carta?
Te presento el nuevo proyecto de Malena Higashi y Estudio Plaza: Cartas desde el Este.
Es una suscripción mensual de cartas escritas por autores y artistas japoneses. Algunos contemporáneos, otros del pasado.
Malena Higashi se encarga de la curaduría. Una carta llega a tu buzón, en un sobre de papel, cada mes, y viene acompañada por algunas sorpresas.
Si querés recibir la de mayo y las que quedan por delante, podés suscribirte en este link.
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Por último…
Las fotos, de Inés Ulanovsky, es un conjunto de fotografías y de relatos: palabras para imágenes encontradas, para imágenes del álbum familiar, para imágenes de drama y de silencio, para imágenes con alguna mística extraña.
Apareció por primera vez en el año 2020 con Paisanita Editora.
Ahora, Blatt & Ríos publica una nueva versión que incluye un epílogo: en él, cada historia encuentra su continuación y, sobre cada persona mencionada, nos cuenta Inés Ulanovsky alguna noticia de los últimos años. Así, de alguna manera, en este epílogo la foto se vuelve imagen en movimiento.
Inés Ulanovsky, que es fotógrafa y que había publicado antes su libro Algunas madres también se mueren, dijo alguna vez que no cree que una imagen pueda valer más que mil palabras.
Explicó: “Siempre necesité un contexto […] Este libro pone a la foto casi como si fuese un personaje, le da esa importancia. No es que describa fotos o cuente la historia de la foto, lo que traté de hacer en mi libro es dar cuenta del protagonismo que a veces tienen las fotos”.
En una especie de frase epígrafe que cierra este álbum de vivencias y de personajes, Susan Sontag señala: una foto es quizás el más misterioso de todos los objetos. Las fotos captura ese misterio y juega con él.
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